La política peruana atraviesa un fenómeno cada vez más evidente: los candidatos ya no nacen en los partidos, ni en las universidades, ni en la gestión pública. Hoy nacen en los podcasts, en los clips virales y en las redes sociales.
En este nuevo ecosistema digital, la popularidad puede construirse en cuestión de semanas. Pero también puede derrumbarse con la misma velocidad.
El caso más reciente es el del candidato Wolfgang Grozo.
Durante los últimos 2 meses, Grozo logró posicionarse en redes sociales bajo una narrativa que resultó atractiva para muchos ciudadanos: la figura del militar que llega para poner orden en un país cansado de corrupción y crisis política.
Su presencia constante en podcasts, entrevistas digitales y plataformas de streaming lo convirtió rápidamente en una figura viral entre sectores jóvenes y votantes desencantados con la política tradicional.
Pero la política real es mucho más compleja que una buena narrativa digital.
El crecimiento mediático de Grozo comenzó a mostrar fisuras cuando diversos espacios de análisis político empezaron a revisar con mayor detalle su entorno político y sus declaraciones públicas.
Las primeras dudas surgieron tras revelarse vínculos con personajes asociados a redes de poder cuestionadas dentro del sistema judicial peruano. A esto se sumaron cuestionamientos sobre integrantes de su propia lista parlamentaria con antecedentes judiciales o trayectorias marcadas por el transfuguismo político.
Esto plantea una pregunta inevitable: ¿Puede alguien que promete renovar la política rodearse de los mismos actores que dice combatir?
Pero la contradicción más delicada apareció cuando Grozo calificó como “defensa propia” la actuación de las fuerzas del orden durante las protestas contra la ex presidente Dina Boluarte; el resultado fatídico desencadenó con decenas de muertos en diversas regiones del país entre 2022 y 2023 (Apurímac, Ayacucho, Juliaca, Cuzco y Lima).
En un país profundamente golpeado por heridas de abuso militar, ese tipo de afirmaciones no solo polariza el debate, sino que revela una visión simplificada de una crisis social extremadamente compleja.
El problema de los candidatos construidos en redes
Las redes sociales son una herramienta poderosa para comunicar ideas, conectar con ciudadanos y amplificar propuestas.
Pero cuando la política se construye únicamente desde la viralidad y la improvisación, ocurre un fenómeno peligroso: el candidato se vuelve un personaje mediático, no un proyecto de gobierno.
El algoritmo premia la provocación, la frase contundente y la narrativa emocional. Pero gobernar un país exige algo mucho más difícil: capacidad de gestión, visión estratégica y conocimiento del Estado con un enfoque político.
Y es justamente ahí donde comienza a aparecer el contraste.
La diferencia entre popularidad digital y experiencia de Estado
Mientras algunos candidatos construyen su imagen en espacios digitales, otros han recorrido las instituciones del país y conocen de cerca cómo funciona el Estado. Uno de esos casos es el de Jorge Nieto, del Partido del Buen Gobierno.
Exministro de Defensa, exministro de Cultura y académico vinculado al debate sobre gobernabilidad democrática, Nieto representa una tradición distinta de liderazgo político: la del conocimiento del Estado y la gestión pública.
En lugar de construir una narrativa basada en el antagonismo o la provocación, su discurso ha girado alrededor de tres ejes centrales. Institucionalidad democrática, reconciliación nacional y modernización del Estado.
Esto no genera clips virales, pero sí responde a una pregunta fundamental que el Perú necesita resolver: ¿Quién tiene realmente la capacidad de gobernar?
La historia política peruana reciente está llena de candidatos que aparecieron como fenómenos mediáticos y desaparecieron con la misma rapidez. Las redes sociales pueden fabricar popularidad, pero no necesariamente construyen liderazgo.
Cuando llega el momento de responder preguntas complejas sobre ciencia, innovación, tecnología, economía, institucionalidad, seguridad, descentralización o política internacional la diferencia entre un candidato viral y un estadista comienza a hacerse evidente.
El Perú enfrenta hoy desafíos enormes: inseguridad, fragmentación política, debilidad institucional y desconfianza ciudadana. Resolver esos problemas requiere algo más que carisma digital. Requiere liderazgo real. Y en política, tarde o temprano, la realidad siempre termina imponiéndose sobre la viralidad.
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José Rios C. - Director Gobierno Digital Online |
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